Tomamos un barrio real del suroeste de Lorca (Murcia). No hablamos de una vivienda concreta, sino de una zona entera, porque aquí lo que se mueve no es un edificio: es el suelo bajo todos ellos. Este barrio se asienta sobre el Alto Guadalentín, uno de los descensos de terreno más rápidos y mejor documentados de Europa. Y sigue bajando, año tras año, medido desde el espacio.
En otro caso contamos un edificio que descendía un par de milímetros al año, un movimiento sutil que solo el satélite veía. Este es el extremo opuesto. Aquí el descenso no es sutil ni es de un edificio: es regional. La vega del Guadalentín se hunde porque durante décadas se ha extraído del acuífero más agua de la que entra, y el terreno arcilloso que la contenía se compacta y baja. Cuando eso pasa, no baja una casa: baja el barrio, con sus calles, sus tuberías y sus servicios.
Consultamos el European Ground Motion Service (EGMS) de Copernicus, que mide desde el espacio el movimiento del suelo, sobre todo su descenso vertical, con el radar del satélite Sentinel-1. En el entorno de las viviendas de este barrio (coordenadas −1,696 · 37,664, radio de 100 metros), referido al periodo 2020-2024:
No es un punto suelto ni un error de medición: la mediana de 834 puntos de satélite a menos de 100 metros marca un descenso de 13,4 milímetros al año, y el 100 % de esos puntos baja, casi nueve de cada diez a más de un centímetro anual (el que más, 25,5 mm). A pocos kilómetros, en el centro agrícola de la vega (−1,68 · 37,66), el terreno desciende unos 5 centímetros al año de mediana y hasta 6,3 en los puntos más extremos, una de las velocidades más altas del continente. El barrio está en el borde de ese mismo cuenco que se hunde.
Un piso en esta zona puede estar impecable, recién reformado, con buena luz. Nada en una visita delata que el suelo bajo el barrio lleva años descendiendo, porque el movimiento es lento y afecta a todo por igual, así que no hay un desnivel evidente que salte a la vista. Es justo el tipo de dato que solo aparece cuando alguien mide el terreno desde fuera, de forma objetiva y repetida durante años. Antes del satélite, esta información sencillamente no estaba al alcance de un comprador.
Las cifras de esta página no son una ilustración: salen de un dato público que cualquiera puede consultar. Están medidas sobre las coordenadas −1,696 · 37,664 (radio de 100 metros) con los datos de EGMS/Copernicus 2020-2024, proyectados a movimiento vertical, y sobre el mismo índice que responde el veredicto gratuito de esta web: la cifra que publicamos aquí y la que recibe quien compra un informe salen del mismo sitio. El punto de comparación de la vega es −1,68 · 37,66. Medición del 17 de julio de 2026.
Si eres periodista o técnico y quieres reproducirlas, escríbenos a info@homefax.es y te pasamos el script exacto con el que se calculan.
Introduce una dirección y te decimos, con los datos del satélite europeo, si el terreno de ese punto está estable o en movimiento. Gratis. Y si quieres el cuadro completo (zona inundable por parcela, radón por punto, horas de sol, historia del suelo desde 1956, precio de la zona…), el informe son 29 €. Así funciona.
Comprobar una dirección gratis Ver un informe de ejemploEs el descenso lento y sostenido del terreno en la vega del Guadalentín, en el entorno de Lorca, causado sobre todo por la sobreexplotación del acuífero: al extraer más agua de la que entra, el terreno arcilloso se compacta y baja. Es uno de los descensos mejor documentados de Europa, medido por estudios científicos y por el satélite.
Es distinto y relacionado. Aquí no se hunde un edificio respecto a sus vecinos, sino toda la zona a la vez. Afecta a redes, viales y servicios, y cuando el descenso no es uniforme puede traducirse en asientos que estresan las estructuras.
Con interferometría radar por satélite. El EGMS del programa Copernicus usa el satélite Sentinel-1 para medir el movimiento del suelo, sobre todo su componente vertical, con precisión de milímetros al año. Es una fuente pública y gratuita que Homefax consulta para cualquier dirección.
Se puede, pero informado. No implica que un edificio vaya a arruinarse, pero es un dato de peso que conviene cruzar con el estado real de la construcción y su cimentación. Saberlo permite pedir una inspección y negociar con criterio, en vez de descubrirlo años después.