Tomamos un edificio real de la ciudad de Lugo. Por respeto a sus vecinos no diremos cuál. El satélite europeo llevaba cinco años midiendo el terreno bajo sus cimientos, y el número que devolvía era un descenso sostenido, año tras año, en la misma dirección. Leído a solas, ese número da miedo. Y leído a solas, además, es engañoso. Esta es la historia de la comparación que lo cambia todo, y de por qué la hacemos siempre.
Consultamos el European Ground Motion Service (EGMS), el servicio del programa europeo Copernicus que mide el movimiento del suelo de casi toda Europa desde el espacio. Sobre este edificio había 259 puntos de medición a menos de 50 metros, el más cercano a apenas 4,8 m. Su velocidad vertical, en el periodo oficial 2020-2024, era de −1,37 mm/año: un descenso lento, constante y perfectamente invisible para una visita.
Con ese dato en la mano es tentador escribir un titular: «el edificio se hunde». Sería un titular fácil, y sería falso. Porque falta la única pregunta que hace útil a este dato: ¿comparado con qué?
Miramos entonces el barrio. En un anillo de 300 metros alrededor del edificio, excluyéndolo a él, había 8.754 puntos de medición. Su velocidad mediana: −1,43 mm/año. Es decir, toda la manzana descendía al mismo ritmo que el edificio. Los dos bajaban juntos, del brazo.
Lo que agrieta un edificio no es descender, es descender desigual. Un edificio que baja al mismo ritmo que el terreno de alrededor se mueve como un bloque: no aparecen las tensiones que abren grietas diagonales sobre puertas y ventanas. En cambio, un edificio que baja distinto a sus vecinos, aunque sea poco, sí está sometido a esa tensión. Por eso nuestro semáforo se calcula sobre la diferencia con el entorno (umbral de ±2 mm/año), no sobre el número bruto.
Hay una segunda razón, más técnica, para desconfiar de la cifra suelta: las velocidades que publica el satélite son relativas a su propia red de referencia, que varía de una pasada a otra. Eso puede desplazar el número de una zona entera un par de milímetros arriba o abajo sin que nada se mueva de verdad. La comparación con el entorno inmediato cancela ese desfase, porque afecta por igual al edificio y a su barrio.
| Lectura | Qué significa |
|---|---|
| Diferencial | Si el edificio se mueve distinto a sus vecinos. Es la señal asociada a asientos y grietas, aunque el descenso absoluto sea pequeño. Es la que manda en el veredicto. |
| Regional | Si toda la zona desciende a la vez y con fuerza. No agrieta el edificio del mismo modo, pero afecta a acometidas, urbanización y redes. Lo avisamos aparte cuando la magnitud lo merece. |
Para saber más sobre el fenómeno, su origen y dónde se concentra en España, tienes la guía sobre el hundimiento del terreno.
Si este mismo edificio hubiera bajado −1,37 mm/año dentro de un barrio quieto, la diferencia habría sido de −1,37 y ya rondaría el umbral. Y si hubiera bajado, digamos, −4 mm/año mientras su manzana permanecía estable, el veredicto habría sido atención, con recomendación de inspección técnica presencial. El satélite no dice «esto es grave»: dice dónde mirar. Ese es todo el oficio, y por eso importa no inflar la señal.
Introduce una dirección y te decimos, con los datos del mismo satélite europeo y esta misma comparación con el entorno, si el edificio está estable o se mueve distinto a su barrio. Es el mismo cálculo que hicimos aquí, sin coste. Y si quieres el cuadro completo (grietas, zona inundable oficial, zona sísmica, historia del suelo desde 1956, sol por fachada, radón, precio de la zona…), el informe son 29 €. Así funciona.
Comprobar una dirección gratis Ver un informe de ejemploPor sí solo no dice casi nada, y por eso no lo usamos solo. La velocidad que publica el satélite se mide en su línea de visión, así que al llevarla a la vertical arrastra un sesgo que afecta por igual a toda la zona. Lo que de verdad importa para una estructura es el movimiento diferencial: cuánto se mueve el edificio respecto a su entorno inmediato. Aquí el edificio bajaba 1,37 mm/año y su barrio 1,43 mm/año, o sea que iban juntos: la diferencia era de solo 0,06 mm/año.
Porque lo que agrieta un edificio es el asentamiento desigual. Si toda la manzana desciende al mismo ritmo, el edificio acompaña a su terreno y no sufre las tensiones que abren grietas. Un edificio que baja distinto a sus vecinos sí las sufre, aunque su descenso absoluto sea pequeño. Por eso el semáforo va sobre la diferencia con el entorno (umbral de ±2 mm/año), no sobre la cifra bruta.
Según los datos de satélite del periodo analizado (2020-2024), el veredicto es estable: no se aprecia movimiento diferencial significativo. Eso no lo certifica como sano. El satélite no valora la cimentación; para eso hace falta una inspección presencial de un técnico.
Del European Ground Motion Service (EGMS), del programa europeo Copernicus, con el radar del satélite Sentinel-1. Es una fuente pública y gratuita. Homefax la consulta gratis para cualquier dirección de España, y aplica siempre la comparación con el entorno.